La rutina Indica los pasos a seguir, ducha, desayuno y partir. A la ducha llego casi por inercia, impulsado más por una extraña energía que por mi mismo. Esa lágrima la quise recoger con mis labios, pero me pediste que no lo hiciera. Dijiste que si el viento se la llevaba, nuestro amor sería eterno. No quise cuestionar, asentí encantado por la sinfonía que generaba tu voz.
El primer golpe de agua me da justo en el rostro, como para despertarme completamente. Siento correr el agua tibia por mi cuerpo, es refrescante la sensación, un poco corta pero refrescante. Me quedé a tu lado y recibí una caricia, rozaste mi barbilla con tus manos y sentí el calor del amor irradiando por mis venas. Me sentía un niño tocado por un ángel.
Se cierran las llaves y una toalla recorre mi cuerpo, quitando todo rastro de agua. Hay una serenidad en el momento, nuestro momento intimo. Mi corazón late tranquilo, sabiendo que es tuyo. Se postra ante tus ojos y se vuelve vulnerable, abriéndose a cada respiro que das.
Vuelta al cuarto, donde la cama me vuelve a llamar, pero me hago el sordo ante sus ruegos y mientras me visto, repaso las actividades diarias. Trabajo y estudio, que amarga rutina. El desayuno será rápido, un café y nada más, no es mi costumbre comer por las mañanas. Me miras con una mirada ingenua, me abrazas fuerte y susurras en mi oído un te amo. Esta vez son mis ojos los que dejan escapar una lágrima, no la contengo pues que es la felicidad quien las expulsa, para dar señales de que me está desbordando. Sonrío como nunca lo he hecho, tú no dejas de besarme.
Reviso mis cosas y cargo mi bolso. Una última mirada en mi cuarto, olvidaba los cigarrillos, no podría estar todo el día sin un par de ellos. Ahora me espera una aventura inmensa, trasladarme desde casa al trabajo, gran desafío. Hemos hecho el amor sólo con mirarnos, besarnos y tocarnos. Me siento más tuyo que nunca y a ti sólo mía. Te vuelvo a decir te amo, te miro y beso tus labios. Apoyas tu cabeza en mi pecho y tus manos recogen las mías. A lo lejos algo ha comenzado a sonar incansablemente.
Cierro la puerta de casa y salgo a la calle, el día esta frío. Atrás dejo las ganas de seguir durmiendo. Enciendo un cigarrillo y miro las calles vacías. Ya mi rutina comenzó.
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